Hambre y confusión

Voy al timón de un bergantín precioso, sin bandera marítima. El velamen está desplegado al completo. El viento es favorable, da igual el rumbo. Estoy bordeando quizás una isla, o un continente, en realidad da exactamente igual porque el paisaje es precioso. Es como imaginar algo exótico en un día medio nublado con el sol justo. Se ve todo verde, la playa casi blanca y el mar cristalino. No hace ni frío ni calor. De pronto veo la desembocadura de un río tan ancha como la del Amazonas y decido subir río arriba. Una vez entro en la desembocadura cierro los ojos para sentir la brisa del aire.

Es un momento de transición. Antes de abrir los ojos veo todo convirtiéndose en una tableta de chocolate y mi mano sosteniéndola. La acerco a mi boca y de un bocado me la como.

Ahora que acabo de comerme la tableta, me doy cuenta de que he parado un momento a comer en una ruta en moto. El paisaje es un bosque. Supongo que tiene que ser el amanecer. Unos rayos logran atravesar la maleza e iluminar ligeramente la carretera. Me pongo el casco y continúo. Voy tranquilo, sin prisa ninguna, disfrutando. Tomo varias curvas cerradas en cuyo exterior me permiten ver parte de la ladera del monte, llena de árboles frondosos. Un ciervo se cruza en mi camino, deteniéndose un momento a mirarme. Sigo. El bosque parece no tener fin. Paro la moto al borde de la carretera para que una manada de lobos, bastante numerosa, la cruce. Están bastante lejos, pero uno de ellos está parado mirándome. Quiero quitarme el casco para verlo mejor. Me quito los guantes, me desabrocho el casco.

Es un momento de transición. Cierro los ojos para quitarme el casco. Veo cómo todo se convierte en una tableta de chocolate y mi mano sosteniéndola. La acerco a mi boca y de un bocado me la como.

La luz es muy intensa, estoy actuando. Tengo dos compañeros más en escena. Estamos teniendo una discusión muy agitada, que para mí, es un momento de paz igual de tranquilo que los anteriores. Estoy de pie, detrás de un sofá gritándole a una compañera lo más fuerte que puedo, ella también. Le devuelvo la misma energía que ella me lanza. El tercero intenta mediar entre los dos pero no consigue nada. Me acerco a ella, le grito en la cara. Ella también lo hace. Me suelta una bofetada. Me alejo y me siento en el sofá. Estoy muy malhumorado. Quiere venir hacia mí, pero el tercero la para. De pronto se apaga la luz. Me levanto y voy junto a mis compañeros para saludar al público. Nos inclinamos para agradecer la asistencia y el aplauso. Parpadeo con más frecuencia cuando levanto el brazo para agradecer el trabajo al técnico.

Es un momento de transición. En un parpadeo, cuando abro los ojos veo cómo todo se convierte en una tableta de chocolate y mi mano sosteniéndola. La acerco a mi boca y de un bocado me la como.

Me despierto con hambre y confusión.

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Recuerdos

Metí la pata hasta el fondo. Quería ser una persona normal. Estaba estudiando matemáticas, decidí salir de fiesta y dejar el examen. Cometí uno de los errores más grandes de mi vida. Hablé con quien no tenía que hablar y me metí donde no tenía que meterme. Era un simple tirito. No me podía hacer mucho daño por una vez. Ahora desearía regresar a ese momento, evitarlo, y olvidar que todo esto ha pasado.

¡Olvidar!

Miro a mi alrededor y lo único que veo es oscuridad. Las paredes están sucias, negras y agujereadas. Hay colchones en el suelo y estoy tumbado boca arriba en uno de ellos. Hay mucha gente. Todos están muy puestos. Mis brazos son delgados y cuento más pinchazos que poros en la piel. No me siento.

¡Olvidar!

Tenemos otro paciente. Decidió olvidar dos veces consecutivas. Los daños son irreparables. Ha perdido toda la personalidad, ha perdido todo lo que tenía de humano. Cambió su pasado, y su presente. Ya no tiene futuro. Será otro más. Es un lastre.

 

Escena 2 – Violín oxidado

Bruno está durmiendo en la cama. Suena el despertador del móvil. Lo coge y lo apaga. Se incorpora y se queda mirando el móvil un momento. Se levanta de la cama, y comienza a vestirse con lo primero que coge de la cómoda. Una vez vestido, se sienta en la cama, coge la fotografía de su familia y se queda un absorto mirándola.

ABRIL (Off).- ¿Ya te has despertado? (Bruno no responde.) ¡Bruno! ¡¿No seguirás durmiendo?!
BRUNO.- (Volviendo en sí mismo.) ¡Sí, sí! Ya me voy.
ABRIL (Off).- ¿Qué dices? ¿Estás soñando despierto?
BRUNO.- Déjame. (Ríe.) Estoy desperezándome. Es la primera vez que me despierto en esta cama, es raro.
ABRIL (Off).- No te atrevas a decirme que no te gusta, porque no pienso descambiarla.
BRUNO.- Tranquila, hacía años que no dormía así de bien. (Entra Abril.) Y junto a una gata dormilona.
ABRIL.- ¡Eh! Llevo despierta desde las nueve de la mañana.
BRUNO.- Ya, si creo que tú has dormido mejor que yo. (En tono burlón.) No aguantaste ni los cinco minutos que tardé en hacer un sándwich para caer rendida…
ABRIL.- ¡No te jode! ¡Cinco minutos! Tardaste más de quince minutos, y además, que eran las tres y cuarto de la mañana. No pidas tanto.
BRUNO.- Touché.
(más…)